Ingrid, te extraño.
Sandra tenía unos veintidós años, era menuda, rubia y con una cara hermosa.
Tenía mal carácter y vivía apurada, era socialmente problemática, hablaba muy mal, y su tono de voz denotaba su origen.
Fuimos amigas, compañeras de trabajo por decirlo de alguna manera, durante un año. Tengo la virtud de poder hacer amistades en todos lados y si alguien me hace reír ahí me quedo.
Tenía una furia en el alma, esa que tienen sólo aquellos que desean vengarse del pasado que les tocó vivir. Trabajadora incansable, madre por sobre todas las cosas. Donde estaba Sandra estaban sus hijos. Ella todo lo hacía por ellos.
Tuvo la mala dicha de ser criada en un ambiente hostil para las mujeres, estaba acostumbrada a que el hombre mandaba y parecía no poder vivir sin esa imagen que le hiciera sombra.
Me costaba mucho entender esto ya que mi crianza fue entre mujeres.
Un buen día Sandra conoció a Cristian, un vago sinvergüenza que sólo quería usarla para su beneficio. Ella enamorada, pérdida en sus ojos y sus manos no dudaba de él. No veía sus intenciones y mucho menos lograba entender porque ese hombre al que veneraba la maltrataba hasta el hartazgo.
Fue duro para mi saber todo aquel padecimiento que Sandra vivía, quería arrancarle el corazón, los ojos, los oídos y que ya no lo escuche. No pude, no lo logré.
Aquella mujer hermosa estaba escribiendo su destino y la tinta era su propia sangre.
Los golpes cada vez eran más notorios, el descontrol de ella era alarmante, y el celular ponía la cuota de psicopatía en un punto muy alto de ambos lados.
Cuando ella trabajaba parecía feliz, se la veía contenta, sonreía, a veces bailaba, o cantaba algún tango, pero cuando volvíamos a casa una sombra invadía su rostro, las manos le temblaban y ya no había manera de frenar esa locura.
Conviví meses enteros así con Sandra, hasta que un día llegó y ya no se parecía a ella, no encontraba una sola mueca en su rostro que me diga que era ella, sólo por su voz logré reconocerla.
Cristian no quería volver a "ser padre" y Sandra estaba embarazada.
Ante la negativa de ella de hacerse un aborto la golpeó, la golpeó tanto que sólo podías recordar como era si tenías una foto.
Vino a mi casa con sus nenes, ambos eran chiquitos y temblando me pidió ayuda. Él se había ido y no iba a volver hasta que ella "hiciera las cosas bien"
Hacer las cosas bien era trabajar, darle la plata, no hacer escenas de celos, no reclamar, no pedir, no exigir, no cuestionar... en pocas palabras no vivir.
Hablamos con otra amiga y ella nos dio la dirección de una mina que hacía abortos, nos pusimos en contacto, yo era la que hablaba y hacía los arreglos.
"-no me llamen, no me manden msjs, no puede venir ningún hombre con ustedes, es tanta plata, si falta un sólo peso no lo hago, apenas se despierta tienen que irse. Van a esperar en la rotonda de lavallol ahí va a ir a buscarlas un auto, le tienen que pagar el viaje, apenas salen van a tener otro auto que también van a pagar. Las deja en la rotonda otra vez. Después yo me comunico con ustedes para saber como va todo. Si hay sangrado NO VAN AL HOSPITAL"
Arreglé todo, combinar con remises para que nos lleven hasta aquella rotonda y después nos vayan a buscar, que sea discreto para que nadie en el barrio sepa y que no sea muy caro porque "estela" se quedaba con unos cuantos ahorros nuestros.
Viernes era el día, volvimos de trabajar y no dormimos, siete en punto teníamos que estar allá, Sandra trajo una mochila con ropas y toallas.
Nos fuimos.
Sucedió tal cual nos habían dicho un auto rojo nos esperaba y nos paseo por todos lados para que no sepamos donde íbamos, pagamos, bajamos.
Era una casa hermosa estilo quinta colonial, una entrada llena de flores y dos ventanales gigantes que dejaban ver a unos nenes muy rubios jugando.
Nos hicieron pasar, Estela nos esperaba, nos habló muy amorosa nos pidió la plata, Sandra temblaba, yo también. Tenía miedo.
No, miedo no. Tenía terror.
Podíamos ir presas, yo tenía a mis hijas muy chicas, mi amiga también. Podía morir mi amiga y yo iba a estar apoyando eso, podía salir todo muy mal.
Sandra todavía tenía marcas de los golpes que su pareja le había propinado, otra mujer se acerca "Carla" nos hace salir de la casa y nos lleva a un cuarto al fondo. Entrabas y había dos sillas, revistas y otra puerta, ahí detrás una camilla y muchos remedios.
Sandra entró y yo esperé. No sé cuánto tiempo pasó pero la escuché llorando y me volví loca pero en silencio no dije nada esperé y esperé.
La sacaron toda dormida o drogada no lo sé. Pero no podía sostenerse en pie, la pusieron en una silla y traté de sostenerla. "En diez minutos tienen que salir un auto las va a llevar"
Como sacaba a mi amiga de ahí si no podía caminar? Se fueron, nos dejaron solas, Sandra lloraba mucho y me decía que le dolía la concha, jamás hubiese dicho esa palabra si no estaba en ese estado. Pero lloraba y me decía "me duele mi concha mucho". Volvieron a buscarnos ella no podía mantenerse en pie y nos pedían que camine bien por "los vecinos". No podía no podía, se desmayó, cayó redonda al piso, yo tragué mi grito de desesperación y las mujeres que hasta ahí habían sido amables se enojaron demasiado. "Pero la PUTA madre levantate paraguaya de mierda que nos va a caer la cana" "te dije que no era confiable" "está nos mete presas" "dale vos ayuda que si le pasa algo caes con nosotras" . Estaba aturdida y llena de miedo, mi amiga podía morir al lado mío y esas dos mujeres me gritaban, no les importaba ella, no les importaba yo, no les importaba nada más que ellas.
La subimos a la camilla, había sangre por todos lados la ropa de mi amiga tenía sangre, yo tenía sangre. Me sacaron del cuarto y escuché otra vez llorando a Sandra. Quería llorar yo también. Tragué mil lágrimas, no hice ni un ruido. Sólo esperé. No sé cuánto tiempo duró todo eso, sólo sé que cuando mi amiga podía pararse salimos hasta el auto donde otra vez lloraba y decía me duele la concha.
Antes de irnos me dan una bolsa de remedios que tenía que tomar con todos los horarios, y me avisan que le habían puesto un paño con hielo en la vagina.
La mochila con ropa que habíamos llevado ni la tocamos, estábamos todas manchadas y así subimos al auto.
Llegamos el otro auto nos esperaba, pagué todo y cuando subimos ya rumbo a casa ella se durmió. El chofer pregunta si estaba bien. Apenas lo miré por el espejo y le dije "si mi amiga cree en las brujerías y yo la acompañé" bajé la mirada y no hablé más. Ella durmió hasta llegar a mi casa, la bajé como pude y la metí en mi cama. Durmió durante horas. Cada cuatro horas una llamada de número privado preguntaba como iba todo.
Me senté en el comedor de casa y lloré, lloré como nunca, como cuando muere alguien querido.
Despertó y preguntó por sus hijos, le dije que estaban en su casa con la niñera, me pidió su teléfono, hizo un par de llamados y se volvió a dormir.
Le preparé todo para que se bañe, me pidió que tire esa ropa. Esa noche no íbamos a ir a trabajar, se sentía mejor y le conté todo lo que no recordaba.
A la mañana siguiente los llamados ya no existían y Sandra volvió a su casa.
Volvimos a nuestras vidas rutinarias, trabajar, volver, llevar a los chicos al cole, hablar con las niñeras sobre la comida de los nenes, ocuparse de la casa... cosas comunes. Dos semanas después mi amiga era otra, estaba tranquila, tenía proyectos, pensaba en trabajar más horas para irse de vacaciones con los chicos a su país. Nos tocan francos separados, así que no la veo por dos noches y tres días, cuando nos encontramos para viajar juntas otra vez esa mirada en sus ojos, otra vez la locura, otra vez Cristian.
Me cuenta que apareció y que quiere plata porque sino le va a incendiar la casa. Le ruego que hagamos la denuncia, me dice que ya lo había hecho una vez y que lo llevaron unas horas y cuando volvió le pegó el doble. "Voy a darle la plata que quiere y así me deja vivir tranquila" no va a pasar eso, lo sabemos todos pero ella quería hacerlo.
Los días transcurrieron entre msj y msj de día y charlas de noche, llegan nuestros francos. No la veo, no le escribo, no sé nada de ella. Por la noche fui a trabajar, ella tenía franco, no nos vimos tampoco hablamos. Al otro día le escribo, esperé respuestas, nadie contestó. La esperé para ir a trabajar, jamás llegó. Empecé a sentirme mal, y no podía faltar, resolví cuando volviera ir hasta la casa y así lo hice. A la mañana siguiendo pasé de largo y allá llegué. Alquilaba una casilla que tenía un patio enorme, desde la esquina se podían ver pedazos de maderas quemadas que habían sacado a la calle. Sentí pánico y corrí. Quedaba la mitad de la casilla en pie, el resto había sido quemado. A esa hora sólo gente que va a trabajar hay en la calle así que no podía preguntar mucho, pero un hombre que pasaba me dijo "a quien buscas? Están todos internados, parece que dejaron una vela y bueno, se prendió fuego todo ¿sabe donde están? No, me dijo. Y se fue.
Busqué en mi agenda alguien a quien preguntar, llamé a la comisaría y ahí me dijeron que estaban en el hospital Posadas. Agarré un remis y fui, otra compañera de trabajo me había llamado y le conté. Nos encontramos allá, me dijo.
Fue doloroso verla, fue doloroso escuchar lo que había pasado, fue peor aún saber que ella no lo había culpado a él.
Aquella noche del incendio se había cortado la luz, Sandra tenía que ir a trabajar y estaba esperando a la niñera, antes llegó Cristian pidiendo "su plata" ella no quería abrirle la puerta y el la golpeó, cuando le dio la plata le dijo que faltaba y que seguro tenía más, según Sandra todo lo que pasó después fue un calvario él metió a los chicos en un cuarto, la niñera había llegado y él le dijo que no la iban a necesitar, a ella en cuarto que no tenía puerta, la golpeó y violó. Le pidió la otra plata y a cada negativa le pegaba, revolvió toda la casa buscando más plata, la ató a la cama y antes de irse con la vela prendió fuego la cortina.
Todo lo que vino después fue ella tratando de desatarse para sacar a los chicos completamente débil y golpeada mientras el fuego tocaba el techo ya.
Los vecinos llamaron a la policía y ahí los trasladaron.
Esa fue la última vez que vi a Sandra, al otro día le daban el alta y ella ya tenía comprados los pasajes para irse con sus hijos al Paraguay otra vez. No nos dijo nisiquiera desde donde iba a viajar, nos dijo que era mejor no saber. Le dimos la poca plata que teníamos y la dejamos.
A él lo volví a ver varias veces más por el barrio buscando información de ella, y más tarde con otra mujer en el auto.
Jamás supe si ella volvió, o se quedó viviendo allá, nunca más volví a ver a mi amiga que cuando se maquillaba, sonreía y cantaba algún tango con un tonada era hermosa hasta el infinito.
Tenía mal carácter y vivía apurada, era socialmente problemática, hablaba muy mal, y su tono de voz denotaba su origen.
Fuimos amigas, compañeras de trabajo por decirlo de alguna manera, durante un año. Tengo la virtud de poder hacer amistades en todos lados y si alguien me hace reír ahí me quedo.
Tenía una furia en el alma, esa que tienen sólo aquellos que desean vengarse del pasado que les tocó vivir. Trabajadora incansable, madre por sobre todas las cosas. Donde estaba Sandra estaban sus hijos. Ella todo lo hacía por ellos.
Tuvo la mala dicha de ser criada en un ambiente hostil para las mujeres, estaba acostumbrada a que el hombre mandaba y parecía no poder vivir sin esa imagen que le hiciera sombra.
Me costaba mucho entender esto ya que mi crianza fue entre mujeres.
Un buen día Sandra conoció a Cristian, un vago sinvergüenza que sólo quería usarla para su beneficio. Ella enamorada, pérdida en sus ojos y sus manos no dudaba de él. No veía sus intenciones y mucho menos lograba entender porque ese hombre al que veneraba la maltrataba hasta el hartazgo.
Fue duro para mi saber todo aquel padecimiento que Sandra vivía, quería arrancarle el corazón, los ojos, los oídos y que ya no lo escuche. No pude, no lo logré.
Aquella mujer hermosa estaba escribiendo su destino y la tinta era su propia sangre.
Los golpes cada vez eran más notorios, el descontrol de ella era alarmante, y el celular ponía la cuota de psicopatía en un punto muy alto de ambos lados.
Cuando ella trabajaba parecía feliz, se la veía contenta, sonreía, a veces bailaba, o cantaba algún tango, pero cuando volvíamos a casa una sombra invadía su rostro, las manos le temblaban y ya no había manera de frenar esa locura.
Conviví meses enteros así con Sandra, hasta que un día llegó y ya no se parecía a ella, no encontraba una sola mueca en su rostro que me diga que era ella, sólo por su voz logré reconocerla.
Cristian no quería volver a "ser padre" y Sandra estaba embarazada.
Ante la negativa de ella de hacerse un aborto la golpeó, la golpeó tanto que sólo podías recordar como era si tenías una foto.
Vino a mi casa con sus nenes, ambos eran chiquitos y temblando me pidió ayuda. Él se había ido y no iba a volver hasta que ella "hiciera las cosas bien"
Hacer las cosas bien era trabajar, darle la plata, no hacer escenas de celos, no reclamar, no pedir, no exigir, no cuestionar... en pocas palabras no vivir.
Hablamos con otra amiga y ella nos dio la dirección de una mina que hacía abortos, nos pusimos en contacto, yo era la que hablaba y hacía los arreglos.
"-no me llamen, no me manden msjs, no puede venir ningún hombre con ustedes, es tanta plata, si falta un sólo peso no lo hago, apenas se despierta tienen que irse. Van a esperar en la rotonda de lavallol ahí va a ir a buscarlas un auto, le tienen que pagar el viaje, apenas salen van a tener otro auto que también van a pagar. Las deja en la rotonda otra vez. Después yo me comunico con ustedes para saber como va todo. Si hay sangrado NO VAN AL HOSPITAL"
Arreglé todo, combinar con remises para que nos lleven hasta aquella rotonda y después nos vayan a buscar, que sea discreto para que nadie en el barrio sepa y que no sea muy caro porque "estela" se quedaba con unos cuantos ahorros nuestros.
Viernes era el día, volvimos de trabajar y no dormimos, siete en punto teníamos que estar allá, Sandra trajo una mochila con ropas y toallas.
Nos fuimos.
Sucedió tal cual nos habían dicho un auto rojo nos esperaba y nos paseo por todos lados para que no sepamos donde íbamos, pagamos, bajamos.
Era una casa hermosa estilo quinta colonial, una entrada llena de flores y dos ventanales gigantes que dejaban ver a unos nenes muy rubios jugando.
Nos hicieron pasar, Estela nos esperaba, nos habló muy amorosa nos pidió la plata, Sandra temblaba, yo también. Tenía miedo.
No, miedo no. Tenía terror.
Podíamos ir presas, yo tenía a mis hijas muy chicas, mi amiga también. Podía morir mi amiga y yo iba a estar apoyando eso, podía salir todo muy mal.
Sandra todavía tenía marcas de los golpes que su pareja le había propinado, otra mujer se acerca "Carla" nos hace salir de la casa y nos lleva a un cuarto al fondo. Entrabas y había dos sillas, revistas y otra puerta, ahí detrás una camilla y muchos remedios.
Sandra entró y yo esperé. No sé cuánto tiempo pasó pero la escuché llorando y me volví loca pero en silencio no dije nada esperé y esperé.
La sacaron toda dormida o drogada no lo sé. Pero no podía sostenerse en pie, la pusieron en una silla y traté de sostenerla. "En diez minutos tienen que salir un auto las va a llevar"
Como sacaba a mi amiga de ahí si no podía caminar? Se fueron, nos dejaron solas, Sandra lloraba mucho y me decía que le dolía la concha, jamás hubiese dicho esa palabra si no estaba en ese estado. Pero lloraba y me decía "me duele mi concha mucho". Volvieron a buscarnos ella no podía mantenerse en pie y nos pedían que camine bien por "los vecinos". No podía no podía, se desmayó, cayó redonda al piso, yo tragué mi grito de desesperación y las mujeres que hasta ahí habían sido amables se enojaron demasiado. "Pero la PUTA madre levantate paraguaya de mierda que nos va a caer la cana" "te dije que no era confiable" "está nos mete presas" "dale vos ayuda que si le pasa algo caes con nosotras" . Estaba aturdida y llena de miedo, mi amiga podía morir al lado mío y esas dos mujeres me gritaban, no les importaba ella, no les importaba yo, no les importaba nada más que ellas.
La subimos a la camilla, había sangre por todos lados la ropa de mi amiga tenía sangre, yo tenía sangre. Me sacaron del cuarto y escuché otra vez llorando a Sandra. Quería llorar yo también. Tragué mil lágrimas, no hice ni un ruido. Sólo esperé. No sé cuánto tiempo duró todo eso, sólo sé que cuando mi amiga podía pararse salimos hasta el auto donde otra vez lloraba y decía me duele la concha.
Antes de irnos me dan una bolsa de remedios que tenía que tomar con todos los horarios, y me avisan que le habían puesto un paño con hielo en la vagina.
La mochila con ropa que habíamos llevado ni la tocamos, estábamos todas manchadas y así subimos al auto.
Llegamos el otro auto nos esperaba, pagué todo y cuando subimos ya rumbo a casa ella se durmió. El chofer pregunta si estaba bien. Apenas lo miré por el espejo y le dije "si mi amiga cree en las brujerías y yo la acompañé" bajé la mirada y no hablé más. Ella durmió hasta llegar a mi casa, la bajé como pude y la metí en mi cama. Durmió durante horas. Cada cuatro horas una llamada de número privado preguntaba como iba todo.
Me senté en el comedor de casa y lloré, lloré como nunca, como cuando muere alguien querido.
Despertó y preguntó por sus hijos, le dije que estaban en su casa con la niñera, me pidió su teléfono, hizo un par de llamados y se volvió a dormir.
Le preparé todo para que se bañe, me pidió que tire esa ropa. Esa noche no íbamos a ir a trabajar, se sentía mejor y le conté todo lo que no recordaba.
A la mañana siguiente los llamados ya no existían y Sandra volvió a su casa.
Volvimos a nuestras vidas rutinarias, trabajar, volver, llevar a los chicos al cole, hablar con las niñeras sobre la comida de los nenes, ocuparse de la casa... cosas comunes. Dos semanas después mi amiga era otra, estaba tranquila, tenía proyectos, pensaba en trabajar más horas para irse de vacaciones con los chicos a su país. Nos tocan francos separados, así que no la veo por dos noches y tres días, cuando nos encontramos para viajar juntas otra vez esa mirada en sus ojos, otra vez la locura, otra vez Cristian.
Me cuenta que apareció y que quiere plata porque sino le va a incendiar la casa. Le ruego que hagamos la denuncia, me dice que ya lo había hecho una vez y que lo llevaron unas horas y cuando volvió le pegó el doble. "Voy a darle la plata que quiere y así me deja vivir tranquila" no va a pasar eso, lo sabemos todos pero ella quería hacerlo.
Los días transcurrieron entre msj y msj de día y charlas de noche, llegan nuestros francos. No la veo, no le escribo, no sé nada de ella. Por la noche fui a trabajar, ella tenía franco, no nos vimos tampoco hablamos. Al otro día le escribo, esperé respuestas, nadie contestó. La esperé para ir a trabajar, jamás llegó. Empecé a sentirme mal, y no podía faltar, resolví cuando volviera ir hasta la casa y así lo hice. A la mañana siguiendo pasé de largo y allá llegué. Alquilaba una casilla que tenía un patio enorme, desde la esquina se podían ver pedazos de maderas quemadas que habían sacado a la calle. Sentí pánico y corrí. Quedaba la mitad de la casilla en pie, el resto había sido quemado. A esa hora sólo gente que va a trabajar hay en la calle así que no podía preguntar mucho, pero un hombre que pasaba me dijo "a quien buscas? Están todos internados, parece que dejaron una vela y bueno, se prendió fuego todo ¿sabe donde están? No, me dijo. Y se fue.
Busqué en mi agenda alguien a quien preguntar, llamé a la comisaría y ahí me dijeron que estaban en el hospital Posadas. Agarré un remis y fui, otra compañera de trabajo me había llamado y le conté. Nos encontramos allá, me dijo.
Fue doloroso verla, fue doloroso escuchar lo que había pasado, fue peor aún saber que ella no lo había culpado a él.
Aquella noche del incendio se había cortado la luz, Sandra tenía que ir a trabajar y estaba esperando a la niñera, antes llegó Cristian pidiendo "su plata" ella no quería abrirle la puerta y el la golpeó, cuando le dio la plata le dijo que faltaba y que seguro tenía más, según Sandra todo lo que pasó después fue un calvario él metió a los chicos en un cuarto, la niñera había llegado y él le dijo que no la iban a necesitar, a ella en cuarto que no tenía puerta, la golpeó y violó. Le pidió la otra plata y a cada negativa le pegaba, revolvió toda la casa buscando más plata, la ató a la cama y antes de irse con la vela prendió fuego la cortina.
Todo lo que vino después fue ella tratando de desatarse para sacar a los chicos completamente débil y golpeada mientras el fuego tocaba el techo ya.
Los vecinos llamaron a la policía y ahí los trasladaron.
Esa fue la última vez que vi a Sandra, al otro día le daban el alta y ella ya tenía comprados los pasajes para irse con sus hijos al Paraguay otra vez. No nos dijo nisiquiera desde donde iba a viajar, nos dijo que era mejor no saber. Le dimos la poca plata que teníamos y la dejamos.
A él lo volví a ver varias veces más por el barrio buscando información de ella, y más tarde con otra mujer en el auto.
Jamás supe si ella volvió, o se quedó viviendo allá, nunca más volví a ver a mi amiga que cuando se maquillaba, sonreía y cantaba algún tango con un tonada era hermosa hasta el infinito.
Precioso y duro, gracias por hacerme sentir más humano hoy
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